Refracción. Prog 9. Alzheimer

Hay iconos inextricables de aquello que representan: la Torre Eiffel y París; Machu Picchu y el Perú; Einstein y la ciencia. Son imágenes implantadas con tal firmeza en nuestro cerebro que aparecen inmediatamente en la memoria apenas se evoca esa mancuerna.

Imagina entonces que un día planearas una vuelta por el Centro Histórico de la Ciudad de México y de pronto, entre el edificio de Correos y la Alameda, hubiera un hueco. Tú estás seguro de que ahí solía haber algo, que ese espacio pertenece a algo… pero lo único que percibes es una ausencia.

Esa espeluznante sensación contradictoria entre la ausencia y la certeza de que algo anda mal con esa ausencia, debe ser la arista más cruel de ese poliedro que llamamos Alzheimer.

Temido por décadas como una sentencia inapelable y casi literalmente inhumana —porque roba gradualmente a los individuos de su propia memoria y porque no tiene cura—, el diagnóstico de Alzheimer nunca ha venido acompañado de buenas noticias. Ahora, en ese hueco oscuro que nos recuerda que algo anda mal, parece haber una luz: noticia extraordinaria si su potencial se logra cumplir.

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