Primera temporada 2019, programa 6

Director Huésped: Catherine Larsen- Maguire
El programa lo integran las siguientes obras:

Helen Grime
(1981)
Virga

Johannes Brahms (1833-1897)
Concierto para violín, violonchelo y orquesta
en la menor, op. 102
I Allegro
II Andante
III Vivanco non troppo

Vladimir Pogoretsky, (violín)
Meehae Ryo, (violonchelo)

Robert Schumann (1810-1856)
Sinfonía no. 1 en si bemol mayor, op.38, primavera
I Andante un poco maestoso. Allegro molto vivace
II Larghetto
III Scherzo: Molto vivace
IV Allegro animato e grazioso

Conductor:
Mtro. Fernando Saint Martin de María y Campos
Director General de Música UNAM

Entrevistas:
Catherine Larsen-Maguire, directora huésped
Vladimir Pogoretsky, (violín)
Meehae Ryo, (violonchelo)

En esta ocasión, la Orquesta Filarmónica de la UNAM actúa bajo la conducción de la directora huésped, la Mtra. Catherine Larsen Maguire; interpretando obras de Helen Grime, Johannes Brahms y Robert Schumann, acompañada de Vladimir Pogoretskiy (violín) y Meehae Ryo (violonchelo).

La compositora escocesa Helen Grime le dio forma musical al hidrometeoro conocido como virga.

Bien sabido es que un meteoro es cualquier fenómeno físico que en la atmósfera tenga lugar. Dentro de éstos, los hidrometeoros son aquéllos en los que el agua es el componente fundamental. Conocida como «lluvia fantasma», la virga es un hidrometeoro consistente en la precipitación de partículas de agua o cristales de hielo que se evaporan antes de llegar al suelo, lo que le da a las nubes la apariencia de comas. Es con base en este fenómeno atmosférico que Helen Grime compuso en el 2007 su obra orquestal Virga, comisionada por la Orquesta Sinfónica de Lóndres, la cual fue seleccionada como una de las diez mejores obras clásicas de la primera década del siglo XXI por la Real Orquesta Nacional Escocesa.

En la mayor parte de los casi siete minutos que dura su ejecución, una sucesión de vertiginosos rasgos sonoros de predominante impulso ascendente generan en Virga texturas de complejas y variadas densidades, que contrastan con la aparición, en varias ocasiones, de una melodía de largo aliento en las cuerdas. Al igual que el fenómeno que inspira la obra, hacia el final de la misma, las sonoridades se evaporan perdiéndose en las regiones agudas de la atmósfera orquestal.

Compuesto en el verano de 1887 y estrenado por Joachim y el violonchelista Robert Hausmann en octubre de ese mismo año, el Concierto para violín y violonchelo es la última obra orquestal de Brahms, quien, después de ella, se sumergió en el mundo de las composiciones para piano y para ensambles de cámara. En él, el compositor regresó a la idea de escribir un verdadero concierto en tres movimientos, más que una sinfonía en cuatro con instrumento solista, como en realidad lo había hecho con su Segundo concierto para piano y orquesta, escrito seis años antes.

Esa misma fuerza será la que impulsaría a Robert Schumann a crear su Primera sinfonía en si bemol mayor, razón por la cual éste decidió darle el nombre de Sinfonía primavera.
Schumann bosquejó su Primera sinfonía en tan sólo cuatro días, del 23 al 26 de enero de 1841, y completó la orquestación, un mes después, el 20 de febrero.
Aún cuando Clara dejó asentado en su diario que el título de la obra se refiere a un poema de Adolph Böttger, en el cual se inspiró su esposo, año y medio después de que la obra fuera estrenada, el mismo Schumann le escribió a su amigo, el compositor, violinista y director de orquesta Louis Spohr: «Compuse esta sinfonía a finales de invierno, con ese élan primaveral que vuelve todos los años, hasta la vejez. No trato de pintar o describir nada, pero estoy seguro de que la estación en que nació afectó la forma que adoptó, y ayudó a hacerla lo que fue.» No obstante, Schumann escribió tanto en los esbozos como en el manuscrito de la partitura el nombre Frühlings-Symphonie (Sinfonía Primavera) para toda la obra, así como para cada movimiento los siguientes encabezados: Frühlingsbeginn (Advenimiento de la primavera), Abend (La tarde), Frohe Gespielen (Alegres compañeros de juego) y Voller Frühling (Plenitud de la primavera), títulos que, finalmente, no aparecieron en la partitura publicada en 1853, después de haber sido sometida a revisión por el compositor.

Estrenada el 31 de marzo de 1841 por la orquesta de la Gewandhaus de Leipzig, con Felix Mendelssohn al frente de la misma, la Sinfonía primavera retoma la misma orquestación con la que Beethoven había construido su Novena sinfonía: 2 flautas, 2 oboes, 2 clarinetes, 2 fagotes, 4 cornos, 2 trompetas, 3 trombones, timbal, triángulo y cuerdas. Sabedor de la responsabilidad que asumía con la tradición al escribir una sinfonía, Schumann introduce algunas innovaciones, que van desde la ampliación a tres en la dotación de timbales, hasta la introducción de dos tríos en el scherzo, el primero de los cuales aparece en tempo más lento al final del movimiento.

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