Programa 5. OFUNAM. Programa dedicado al MUAC por su X Aniversario.
Orquesta Filarmónica de la UNAM

Massimo Quarta
Director artístico

Mtro. Fernando Saint Martin de Maria y Campos
Director General de Música

El programa lo integran las siguientes obras:

Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791)

Obertura de “Las bodas de Fígaro”

Herbert Vázquez (1963)
Ofrenda (*)

Sebastian Kwapisz, violín

Mieczysław Karłowicz (1876-1909)

Concierto para violín en la mayor, op. 8
I Allegro moderato
II Andante
III Finale: Vivace assai

Sebastian Kwapisz, violín

INTERMEDIO

Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791)

Sinfonía n. 40 en sol menor, K 550
I Molto allegro
II Andante
III Menueto. Allegretto
IV Allegro assai

(*) Estreno mundial. Obra comisionada por la Orquesta Filarmónica de la UNAM.

En Las bodas de Fígaro, el abanico de posibilidades abarca desde la congoja de la Condesa Almaviva que se pregunta con nostalgia a dónde se han ido los bellos momentos del amor, a los ardores de la piel de Cherubino que no sabe ya quién es ni qué cosa hace cada vez que ve a una mujer. Mozart, considerado por muchos genio entre los genios, pero también vulgar entre los vulgares, ejemplifica el viejo adagio que reza “Del santo toma la vida y del artista la obra”. Sin embargo, logró subvertir el orden del estilo clásico para obligarlo a reflejar la condición humana, y tal vez en ello resida su verdade- ra genialidad.

Al comienzo de 2017, la Orquesta Filarmónica de la UNAM (OFUNAM) le encargó a Hebert Vázquez una composición para una gira que la orquesta proyectaba llevar a cabo por Europa en la que se tocaría música mexicana. La idea original era que la obra tuviera un cierto color nacional, y que incluyera violín solista, ya que éste sería ejecutado por el nuevo director de la orquesta, el maestro Massimo Quarta. La propuesta resultó muy atractiva para Hebert Vázquez, quien ya en 2015 había escrito una pieza para guitarra amplificada y orquesta, El árbol de la vida, en la que empleaba el son El cascabel. La posibilidad de volver a trabajar con materiales populares, colaborar con el maestro Quarta y la OFUNAM, resultó muy estimulante para su creatividad.

Amante de la naturaleza, apasionado de la fotografía y aficionado al montañismo, Mieczysław Karłowicz, fue un volinista relevante, destacado director de orquesta y también un importante compositor. Aun cuando desarrolló su actividad creadora hacia finales del siglo XIX y principios de siglo XX, sus composiciones están habitadas por el espíritu del Romanticismo, debido a la gran admiración que experimentaba por la obra de Piotr Ilyich Chaikovski, cuya influencia está presente, sobre todo, en su Concierto para violín, que escribió a los 26 años de edad. La obra se estrenó el 21 de marzo de 1903 bajo la conducción del propio compositor. Es inevitable pensar en las alturas de la composición que hubiera podido conquistar, si las nieves no le hubieran segado la vida a los 33 años.

La Sinfonía no. 40 de Mozart tiene una significación particular, pues no son pocos los que consideran que esta obra, la más conocida de sus sinfonías y la menos comprendida, ocupa la parte central de un tríptico sinfónico al que pertenecen, además, la no. 39 y la Júpiter, cuya creación obedeció a la necesidad puramente personal del compositor de dar forma musical a los sentimientos que acongojaban su alma en tiempos difíciles “y, si no me asaltaran con frecuencia negras ideas que tengo que apartar con esfuerzo, trabajaría aun mejor”, le escribió Mozart a su amigo Puchberg el 27 de junio de 1788, un día después de haber concluido la Sinfonía no. 39 y justo antes de comenzar la composición de la 40.

Actualmente, habrá que escucharla desde una perspectiva que la resignifique ya que nos remite a un Mozart sufriente y atribulado

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