Programa 4. OFUNAM.

Tercera Temporada 2018.

Orquesta Filarmónica de la UNAM
Festival Universitario de Clarinete

Conductor:
Yehuda Gilad, director huésped

Richie Hawley, clarinete

Mtro. Fernando Saint Martin de Maria y Campos
Director General de Música

El programa lo integran las siguientes obras:

Georgina Derbez (1968)

Ascenso al Celeste*
(Duración aproximada 14 minutos)

Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791)

Concierto para clarinete y orquesta en la mayor, K 622
I Allegro
II Adagio
III Rondo. Allegro

(Duración aproximada: 25 minutos)

Richie Hawley, clarinete

INTERMEDIO

Dmitri Shostakovich (1906-1975)

Sinfonía no. 9 en mi bemol mayor, op. 70 I Allegro

I Allegro
II Moderato
III Presto
IV Largo
V Allegretto
(Duración aproximada: 27 minutos)

* Estreno mundial, obra comisionada por la Orquesta Filarmónica de la UNAM, para el Festival Universitario de Clarinete.

Asenso al celeste, el concierto para clarinete de Georgina Derbez, es en realidad la última parte de una trilogía de obras surgidas de una misma fuente de inspiración e íntimamente relacionadas entre sí. La primera de ellas, Intangible Self, para ensamble de cámara, cuyos materiales musicales surgen de un fragmento de su Cuarteto para el final de los tiempos. La segunda pieza es su Trío para violín, violonchelo y piano, denominado De Ser Intangible, en el que imagina que el viento incide sobre los objetos musicales, desmembránndolos. Es así que surge Ascenso al Celeste, en la que algunos materiales se comparten con las otras obras de la trilogía.

El 7 de octubre de 1791, Mozart terminó la composición de su Concierto para clarinete, sin sospechar que sólo le quedaban ocho semanas y un día de vida. Había regresado de Praga con la salud quebrantada, sobre todo por el enorme esfuerzo llevado a cabo para componer en tan sólo dieciocho días su ópera La clemencia de Tito. además de una misa de muertos que le fue encargada de manera misteriosa. No obstante, no hay en esta música tan impregnada de inefable dulzura un solo atisbo de desesperación, temor o angustia.

Dividida en cinco movimientos, de los cuales los tres últimos son ejecutados sin interrupción, llama la atención en esta Novena sinfonía la ligereza del primero, y su estructura apegada a la herencia del clasicismo. Por su parte, el segundo movimiento contrasta totalmente con el primero, por su carácter introspectivo y misterioso y su obscura instrumentación. A su vez, el tercer movimiento, un vertiginoso Scherzo, contiene elementos perturbadores que oscilan entre lo angustioso y lo alegre, y cuyo constante fluir es interrumpido por los trombones, para dar paso al cuarto movimiento, en el que el fagot entona una dolorosa y melancólica melodía sobre un paisaje sonoro estático, que contrasta con la potencia de los trombones. De pronto, casi de la nada, ese mismo fagot comienza a entonar la melodía llena de ironía que recorrerá buena parte del último movimiento y, cuyo carácter, al igual que el del tercero, oscila constantemente entre la luz y la sombra. La obra fue estrenada por la Orquesta Filarmónica de Leningrado bajo la conducción de Evgeny Mravinski, el 3 de noviembre de 1945.

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