EN VIVO

BÚSQUEDA DE CONTENIDOS


    

Escriba palabras (o partes de ellas) en cualquier orden, use letras mayúsculas o minúsculas, con o o sin acentos. Ver más
Buscar en los títulos
Buscar en los textos

PARIENTE CERCANO | ATOM EGOYAN


La ópera prima del director de origen armenio Atom Egoyan, fue reproducida por primera vez en 1984. Es la primera de muchas que escribe y dirige, y que tratan el tema de su identidad armenia.

a pesada carga de la historia en la identidad

El pueblo armenio ha sido históricamente azotado por derrotas y tragedias. La más recordada de todas éstas es una que no es y, al parecer, nunca será reconocida por la nación perpetradora del ataque. Se trata del genocidio armenio que hasta la fecha no es aceptado como tal por parte de Turquía, acontecido durante y después de la Primera Guerra Mundial. 

Con la caída del Imperio Otomano, surgieron varios nacionalismos entre los pueblos que formaban parte de este imperio, tales como el nacionalismo árabe hachemita, el kurdo, el judío o sionista y el armenio. Entre ellos, quizás el que tenía mayor fortaleza y posibilidad real de completarse era el armenio, ya que poseían una identidad como pueblo digna de ser reconocida mundialmente para hacer cumplir una de las máximas de ese tiempo: “la autodeterminación de los pueblos.” Los armenios cumplían con las cualidades necesarias para que se les reconozca como nación: la identidad nacional, el territorio, el liderazgo e inclusive el apoyo de potencias internacionales. Sin embargo, sus ideales de independencia se volvieron un obstáculo para la remasterizada identidad otomana, pero ahora con el nombre de Turquía.

Lo que sucedió entre 1915 y 1923 simplemente va más allá de las cifras de muertos y desplazados; una frase que toma especial relevancia y veracidad, pues no existen números oficiales o estudios que coincidan en un aproximado. A pesar de que tras la derrota del Imperio Otomano y la firma del Tratado de Sèvres en 1920 (que fue rechazado por Turquía), existe una Armenia independiente, este pueblo carga con un pesado lastre histórico, como la derrota simbólica en el hecho de no lograr su independencia en el territorio supuestamente establecido en el Tratado de 1920, en el cual más que perder una extensión de terreno, perdieron la soberanía sobre el monte Ararat, el orgullo y emblema del nacionalismo armenio que al igual que cientos de miles de connacionales, quedaron varados fuera del territorio soberano, como es el caso de la familia Egoyan. De hecho una de las películas más famosas de Atom lleva por título Ararat.

Joseph y Shushan Yeghoyan emigraron de su natal Armenia para instalarse en Egipto, en donde tuvieron a su primer hijo y lo decidieron llamar Atom, debido a la instalación del primer reactor nuclear en Egipto. Posteriormente se mudaron a Canadá en donde cambiaron su apellido a Egoyan y ejercieron como artistas, mientras que el pequeño Atom crecía para convertirse en un cineasta, pero lo hacía alejado e inclusive rechazando sus raíces armenias, aunque con el tiempo esto habría de cambiar.

Ejemplo de este radical cambio es la temática de su primer largometraje, pues trata de un joven y despreocupado canadiense de 23 años que siempre escucha a sus padres pelear. Por ello deciden acudir a una clínica de terapia familiar y en ella el joven Peter descubre la historia de una familia armenia que dio en adopción a su hijo antes de migrar a Canadá. Peter decide hacerse pasar por este hijo perdido y como tal se verá inmiscuido en los problemas de su “nueva” familia, así como de las tradiciones y cultura armenia.