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LA DOLCE VITA | FEDERICO FELLINI


Sábado 14 de enero, 22:00 horas

Con una narrativa muy diferente a los estándares del cine, Fellini hace un retrato de la vida desenfrenada de la clase alta italiana. Una obra maestra que contrasta dos mundos que no podrían estás más alejados: por un lado la farándula y sus lujos, por el otro la mundana vida de un aspirante a escritor e intelectual.


Galardonada con uno de los premios más prestigiados del cine, La Palme d’Or en el festival de Cannes y aunque no ganó el Oscar ese año, Fellini ya contaba con dos estatuillas a mejor película extranjera con La Strada y Le notti di Cabiria y ganaría un par más con 8 ½ y Amacord.

Muchos han buscado darle una interpretación más extravagante a cada una de las noches que narra la cinta, algunos afirman que se trata de una alegoría a los círculos del Infierno de Dante, otros más dicen que son los 7 pecados capitales, hay quienes incluso afirman una relación directa con los días de la creación. Pero darle un significado alterno a una de las obras cumbre del cine es perderse en el contexto y olvidar lo realmente importante: la perfección del guion que no necesita ahondarse en detalles innecesarios, la iluminación meticulosa de cada escena, el excelente manejo de cada uno de los actores (en especial Marcello Mastroianni como el protagonista Marcello Rubini, la incomparable fotografía de Otello Martelli quien es sin duda alguna el mejor cinematógrafo que ha dado Italia y la música de Nino Rota (8½, Amacord, La Strada , La trilogía de El Padrino, El Gatopardo y Muerte en el Nilo).

Fellini, junto con Ennio Flaiano y Tullio Pinelli, se sumerge en un mundo obsceno y contrastante que ni siquiera el héroe de su cinta, Marcello Rubini, puede llegar a comprender. Excesos y una doble moral producto de la postguerra. A lo largo de la cinta el director logra introducir íconos religiosos que chocan directamente con el estilo de vida de la clase alta italiana. Empezando por la secuencia inicial en la que dos helicópteros llevan una escultura de Cristo por encima de Roma, con los brazos abiertos como si bendijera al pueblo, al tiempo que una de las dos naves hace una escala para saludar a un grupo de mujeres que se asolean en la terraza de un lujoso edificio. 


Rubini y Paparazzo (el fotógrafo interpretado por Walter Santesso que acompaña siempre la escena y que es el responsable de introducir el término usado para describir a los fotógrafos de noticias de farándula en todo el mundo) se cruzan con más de 120 personajes distintos a lo largo de las casi tres horas que dura la cinta. Principalmente ubicada en la Via Veneto, gran parte de la película se filmó en los estudios Cinecittà, por lo que el diseñador de escenarios Piero Gherardi tuvo que crear más de 80 sets, mismos que Fellini combinó con locaciones reales dándole balance a la película. Por ejemplo, la escena en la Fuente de Trevi se filmó en la fuente real, sin embargo, el director encontró que el agua no estaba lo suficientemente limpia para grabar. Por suerte un representante del Sistema de Aerolíneas Escandinavas (SAS) estaba por ahí y se ofreció para prestar el líquido verde que se utiliza en caso de emergencias, dándole un color más neutro al agua que finalmente agradó a Fellini. Además, como la escena se realizó en marzo (época en la que aún hace frío en Italia), el actor Marcello Mastroianni tuvo que utilizar un traje de neopreno debajo de su atuendo y aún así no logró la escena, por lo que se bebió una botella entera de vodka, borracho y sin frío consiguió complacer al director. Por su parte, Anita Ekberg (Sylvia) no se quejó y realizó su parte utilizando solamente el vestido. 

 
 
 


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