EN VIVO

BÚSQUEDA DE CONTENIDOS


    

Escriba palabras (o partes de ellas) en cualquier orden, use letras mayúsculas o minúsculas, con o o sin acentos. Ver más
Buscar en los títulos
Buscar en los textos

LA DAMA DE MONSOREAU | ALEJANDRO DUMAS


Martes 20 de diciembre, 18:30 horas

El autor de Los tres mosqueteros vivió con el estigma de no haber escrito él sus libros y usar ayudantes para redactarlos. 



Alejandro Dumas y los negros literarios 

Por: Rober Diaz @betistofeles

Alejandro Dumas (1802-1870) fue un autor prolífico, más de 300 obras –que van desde el teatro hasta el ensayo y la poesía– son atribuidos a su autoría, ¿cómo hizo para tener tan copiosa obra? Pues el nombre de Dumas se convirtió más que en el apellido del autor, en el nombre de todo un sindicato de escritores por decirlo de una manera, por decirlo de otra, en una marca con la que el público se identificaba y a la cual le era fiel. Este fue el principal motivo por el que el literato se tuvo que hacer valer por los llamados “negros literarios” (o como les llaman los norteamericanos: ghostwriters), es decir personas que escribían parte de las novelas a las que él solo le daba retoques o enmendaba las tramas para volverlas más atractivas para sus lectores. Los críticos de su obra aseguran que a Dumas le gustaba  escribir las partes en las que sus héroes se batían a duelo y libraban distintas batallas y aventuras.

En el “taller” donde se realizaban sus novelas llegó haber hasta  más de 63 ayudantes que no eran precisamente desconocidos, hay nombres de escritores famosos –como Gérard de Nerval–  quienes colaboraron en la manufactura de sus novelas, las cuales eran publicadas como folletines, es decir por entregas a los periódicos de la época.

Su mano derecha fue el historiador y de profesión maestro Auguste Maquet, quien viviría un drama por lo demás espeluznante para cualquier escritor, ya que al vender su trabajo al nombre Alejandro Dumas no pudo colocar por su propia mano ninguna de sus novelas en el gusto del público. Maquet, luego de colaborar por más de diez años con Dumas se separó de él y más tarde lo demandó para que se le atribuyera la coautoría de numerosas novelas que inmortalizaron a Dumas pero que a Maquet no le dieron reconocimiento sino una buena paga, tal es el caso de las novelas El conde Montecristo, Los tres mosqueteros, La reyna Margot o El vizconde de Bragelonne, entre otras. Sin embargo, la corte solo hizo que se le restituyera una suma importante de dinero que contribuyó a la ruina económica de Dumas.

Tras estos escándalos Dumas fue vilipendiado por lo críticos franceses; cuenta una vieja anécdota que su hijo, quien llegaría a ser un escritor muy reconocido autor de la célebre Dama de las Camelias, en alguna ocasión y a la pregunta expresa del padre si ya había leído su nuevo libro, éste contestó: “sí, ¿y usted ya lo leyó?” 

Dumas moriría pobre: la dilapidación de la riqueza que logró vendiendo sus romances sucedió gracias al fastuoso estilo de vida que llevaba, además de hacerle regalos costosos a sus amantes y concubinas —que por cierto, eran muchas¬— también llegó a comprar un castillo al que nombró “El Castillo de Montecristo”. Pero no solo eso, este hombre de carácter soñador y aventurero (como sus personajes) iría a parar a Italia donde conoció al general Giuseppe Garibaldi y con el cual colaboraría comprando armas y poniendo su escritura al servicio de la guerra que en ese momento se gestaba en aquel país.

Parece que la participación de Dumas en el proceso de unificación que encabezó Garibaldi en Italia también obedece a que el escritor fue parte de una antigua sociedad secreta llamada La Niebla, fundada el siglo XVI y cuyos principios estaban basados en poder educar a nuevas generaciones de pensadores para poder infiltrar a uno de éstos en las esferas altas de poder para cambiar el cristianismo desde el interior, bogando por la transformación de su tiempo.

La sociedad de La Niebla pudo contar entre sus adeptos a personajes como los pintores Delacroix o Poussin, a escritores como George Sand, Nerval y al mismo Julio Verne, quien fue presentado en la cofradía de pensadores de la mano de Dumas, a quien luego Pierre-Jules Hetzel miembro de la secta le editaría sus libros. Inclusive se ha llegado a la hipótesis que Julio Verne al cual se le atribuyen una serie de mensajes ocultos en sus libros como marca de sus ideas políticas y religiosas muy emparentadas con los principios que esta asociación postulaba, logró ser un depositario excepcional de un conocimiento oculto pues varias coincidencias en sus novelas futuristas, hacen creer que un saber por encima del conocimiento común le fue dado ya que luego resultó asombroso el carácter casi predictor de los temas de sus novelas.

Dumas por su lado también incluyó dentro de sus novelas, como en Los mohicanos de París, a sociedades secretas —Los carboneros, cuya existencia fue comprobable en Italia— que dirigían la política y la economía francesa. La ideología del grupo estuvo influenciada por un libro llamado El sueño de Polífilo,   escrito en el año de 1499 en Venecia por un religioso llamado Francesco Colonna. La sociedad de La niebla se fundó por un hombre misterioso llamado Néphès y como la mayoría de las sociedades de conocimiento tuvo un periodo hábil en el que influenció a hombres claves que se encargaron de difundir sus ideas y cambiar la mentalidad imperante en la época.

Finalmente la memoria de Dumas fue reivindicada. Sería el presidente Jacques Chirac quien llevaría los restos de Dumas al Panteón de Francia en 2002 donde descansan los hombres ilustres y grandes escritores de aquel país y con este reconocimiento también zanjó una disputa donde Dumas fue el objeto de señalamientos como un hombre que aprovechó el talento de otros para hacerse de fortuna y riqueza. Nada nuevo en el ámbito de la escritura que bien nos recuerda que escribir antes de ser meramente un arte también es una forma de sobrevivir y que el mercado editorial hoy como ayer es una industria donde se manejan grandes sumas en las que se fabrican nombres y reputaciones que sirven para hacer fortunas y no solo arte. Escritores como Stephen King o Isaac Asimov, solo por mencionar a los más conocidos, han sido señalados por usar “ayudantes” para poder publicar las enormes cantidades de libros que producen.

Que los negros literarios o ghostwriters sean una realidad no debería asombrarnos, pues son solo parte de una cadena de manufactura en donde si las cosas están perfectamente aclaradas entre las partes, finalmente se pueden lograr resultados brillantes que no solo benefician al susodicho escritor sino que también le dan trabajo y oficio a nuevas generaciones de escritores a los que iniciarse en el camino de las letras les resulta por demás difícil. Ese bien puede ser una herencia indirecta de Alejandro Dumas que además de legarnos una obra inmortal formó a nuevas generaciones en el arte de la escritura.

 
 
 


    ABRE LOS OJOS