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GABINETE | OTTO DIX


Aquí y ahora 

El arte crudo, provocativo y ásperamente satírico de Otto Dix plasmó los horrores de la guerra con una maestría pocas veces vista en el mundo del arte.  Hoy visitaremos la exposición Otto Dix: Violencia y pasión en el Museo nacional. 



La combinación del realismo puntual y desgarrado que solo se puede comparar a las imágenes de los diarios y su apuesta por el expresionismo que agrega pasajes alucinantes por el color y la composición nos permiten hoy, muchos años después, ser testigos de las más aterradoras escenas vividas por el ser humano.

Casi como un coro o una representación teatral, los soldados con máscaras de oxígeno se lanzan a contestar los múltiples ataques hechos con gas mostaza. Estallaban en pedazos, los ojos la nariz y la boca quedaban solo como agujeros, aterradores vanos que representaban el desastre, estaban vivos, la piel había reventado, pero la vida seguía. Con un nuevo rostro que más bien parecía una máscara, una grotesca carcajada involuntaria, la deformidad caricaturesca permeó el mundo real y se volvió fuente de inspiración para el artista. Había que aprender a vivir, el mundo europeo se lleno de monstruos, víctimas… y aún les esperaba uno de los peores genocidios de la historia, la Segunda Guerra Mundial. 

Nadie como Dix para retratar el límite entre la vida y la muerte, pero la obra del artista es mucho más que imágenes de guerra. Su riqueza en color y fuerza dramática nos permiten entrar a los rincones de una Alemania entre guerras; develar la intimidad de tantos seres retratando con gran precisión pasajes de pobreza, desesperanza, angustia. Todo con una lucidez que raya siempre en lo macabro. Dix tuvo la capacidad de entender psicológicamente a cada ser humano: en cada rostro sabe expresar sensaciones y emociones que nos pertenecen a todos. No importa quiénes somos, ni qué lugar ocupamos en la sociedad, la obra de Dix toca eso que tenemos todos en común. Como un fotógrafo profesional de guerra, capta la imagen que narra lo más profundo de la historia al mismo tiempo que pone en la mesa el entretejido de cada uno de los sentimientos, los bajos instintos, la grandeza de todos los seres humanos.


 
 
 


    ABRE LOS OJOS