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GABINETE | NOCHES DE DUDA


Aquí y ahora

Si bien el arte se ha convertido en una especie de escaparate permanente en el cual los que desfilan por ahí son impactados por una enorme cantidad de imágenes luminosas, glamour, sumas de dinero increíbles, fiestas, fama, éxito y viajes a los grandes eventos en los que todos soñaríamos con estar. Pero no todo es perfección y alegría, a veces ignoramos las noches negras antes del eureka. 


Para evitar ser deslumbrado con la parafernalia que maneja el mundo del arte es necesario ponerse en los zapatos de cualquier artista famoso y tratar de entender lo que vive, siente y piensa, justo antes de iniciar su trabajo cada día, todos los días. Cuando debe bajarse del pedestal y ser sólo un ser humano con todas las inseguridades, temores y complejos que lo acompañan, mismos que lo llevan a cuestionar no sólo el mundo en el que vive y que sirve de lienzo para su creación, sino preguntarse a cada instante: ¿Quién es él en el firmamento artístico? ¿Hasta dónde podrá llegar su creación? ¿Podrá sostener en el futuro las ideas que hoy lo hacen artista¿ ¿Qué espera el mundo de él y cuál es su responsabilidad delante de la historia? ¿Cómo será visto su trabajo cuando pase el tiempo? ¿Alcanzará a ser mencionado en algún capítulo de un libro? ¿O tal vez consiga un pie de página? ¿O quizás muera en el olvido sin siquiera haber generado un digno papel en los anales del arte?

Hoy mientras explora la tela en la que ha de posar sus ideas, ya sea utilizando una computadora, el sonido, la luz, el óleo, el acrílico o los objetos encontrados, solo tendrá una obsesión en la mente: dejar que la alquimia se adueñe de sus manos y de su mente para permitirle hacer lo que tenga que hacer, por él y por lo que como artista debe decir al mundo. Tal vez dude al contemplar el lienzo en blanco si este día —y los que siguen— no serán registro de su éxito, sino de su fracaso. ¿Cuántas ocasiones le ha exigido a los materiales que cobren vida y le muestren el camino correcto? ¿Hace cuánto perdió la brújula? ¿Cuántas vidas antes de la suya han pasado por la misma reflexión día tras día? ¿Cuántas ideas son sólo eso, ideas que no sirven y que desaparecen sin haber dado fruto? ¿Por qué no ser un hombre normal como tantas veces se lo escucho decir a todos lo que le rodeaban? ¿Por qué no estudiar una carrera decente que le dé de comer a toda la familia? ¿Por qué optar por lo inefable? ¿Por qué esto de ser un artista no quedó sólo como un hobby? 

Así empieza el día. Así acaba las noches, que son muchas, que son oscuras y que insisten en no soltar el secreto de la inspiración. Así llegan las mañanas en las que el sol no calienta y en las que hay que levantarse y enfrentar esa aterradora hoja en blanco.

Pero hoy es otro día. Uno en en el que el punto se revela justo ahí, en medio de la perfecta hoja en la que las notas, las palabras o los colores han de posarse. Hoy es el día en el que todo se dispone y surge así, gratuito, perfecto en el acto de libertad que merece no decir lo que se tiene que decir o lo que se piensa, ahora se trata de dejar que fluya que "eso" que no tiene explicación y permitir que  llegue a formar una totalidad. Esa es la obra, un suspiro que se escapa o se atrapa. Y cuando se atrapa, todos somos mejores, todos recibimos ese regalo, todos ganamos.

No solo el artista hace mejor al mundo, nosotros también lo enaltecemos al observar su obra y volverla nuestra. Somos cómplices del misterio, ese mismo que nos lleva a entrar a un museo a ver un montón de obras y de pronto, como por arte de magia, fascinarnos con una sola y olvidar que todo lo demás existe. Olvidar que el tiempo pasa y que hay que hacer tantas cosas, que hay ganar dinero, que hay que vivir la vida. En ese momento sólo queremos estar ahí, con él, con su obra y ahí está el artista detrás de esa vitrina mágica. Casi nunca nos deja ver sus noches oscuras, no nos permite develar el velo que encierra su creación, ahí está un día más de trabajo convertido en arte. 

Los que pasan frente a la vitrina pueden ver tan solo una cara de la moneda del que se la jugó todas por el arte. Y si no se reflexiona acerca de lo qué pasa por la mente y el alma del artista mientras se admira el objeto llamado arte, se dirá con gran naturalidad 

¿Por qué demonios esta cosa  cuesta tanto si cualquiera lo podría hacer?


 
 
 


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