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GABINETE | MUJERES EN EL ARTE


Aquí y ahora

Hasta hace poco, la historia del arte había quedado relegada solamente a los hombres. Un universo impermeable a la influencia femenina necesitó de verdaderas diosas guerreras que, utilizando el medio como fin, encontraron en la expresión artística una voz para llevar a las suyas ante la igualdad de género. Les rendimos homenaje. 


Aunque parezca que los temas relativos al feminismo ya están demasiados vistos y a veces hasta lucen como parte de una vieja historia de lucha y liberación. Hoy, gracias a las desagradables, inoportunas y corrientes declaraciones del señor Trump con respecto a la mujer (y que coinciden con las de otros hombres por cierto), queremos rendir un homenaje a algunas de las artistas que jugaron un papel fundamental para transformar los criterios y abrir un campo igualitario de oportunidad para la mujer. Las llamaremos “las diosas contemporáneas” ya que han sido verdaderas guerreras dispuestas ha sacrificarlo todo, peleando siempre por los derechos de su género. 

 

Una diosa oriental, Yoko Ono. Y no, no es la maldita china que separó a lo Beatles al atrapar al Jesucristo de los sesenta, John Lennon. Ni maldita, ni china: era japonesa y también una gran artista. Enamoró a John abriéndole un universo diferente al de la frívola fama del Pop: el de la creación y la ruptura de esquemas, incluso el de la lucha por la paz entre todos los seres humanos a través del arte. Muchos opinan que Yoko no era nadie y que saltó a la fama gracias a John, pero la realidad es que cuando se conocieron ya era una artista consolidada (había participado con el grupo Fluxus y era muy cercana, nada más y nada menos, que John Cage y su grupo de conceptualistas neoyorkinos), viajaba constantemente entre Nueva York y Londres realizando actos performáticos. Durante Cut Piece —quizá su trabajo más reconocido— conoció a John y él quedó enganchado a primera vista. En la vitrina de la galería, como si se tratara de un objeto a la venta, Yoko Ono estaba hincada frente al público —en su mayoría hombres—, permanecía impávida, sin una gota de maquillaje (contrario a las glamorosas mujeres que frecuentaba John). Llevaba un sencillo vestido de paño gris y ofrecía en sus manos unas tijeras al público; uno de ellos cortó la ropa interior de la artista dejándola totalmente expuesta. ¿Cuál era el sentido de esta práctica? Entre muchas otras cosas, mostrar al mundo la vulnerabilidad femenina en manos de un mundo controlado por los agresivos hombres. Era apenas 1965.


La trascendencia del performance de Yoko Ono es retomado por otra diosa, ésta de origen serbio: Marina Abarmović. Luchadora eterna, utiliza su cuerpo como medio de propagación de sus ideas política y sociales. Es muy conocido el performance Ritmo 0 de 1974, acto en el que permaneció inmóvil durante 6 horas con 72 objetos punzocortantes a disposición de quien quisiera intervenir su cuerpo. Como ella misma lo cuenta, “Me sentí realmente violada: me cortaron la ropa, me clavaron espinas de rosas en el estómago, una persona me apuntó con el arma en la cabeza…”.

Marina vivió para contarlo. Quien casi le cuesta el hígado fue Olay, su compañero de muchos años, quien la demandó y logró quitarle los derechos de más de la mitad de las obras que crearon durante sus años de amor. Marina quedó devastada después del juicio. Podemos crear varias hipótesis acerca del asunto pero hoy sabemos que muchos juicios se definen por cortes plagadas de hombres que apoyan a los de su mismo género. En fin.

Marina Abramovic on Rhythm 0 (1974) from Marina Abramovic Institute on Vimeo.

Otra diosa que se rebeló en contra del poder masculino fue Lynda Benglis, artista norteamericana. Lo hizo con un gran sentido del humor. Furiosa al darse cuenta de que el mundo de arte neoyorkino estaba dominado básicamente por hombres que ignoraban su trabajo escultórico, en 1970 posó para un anuncio de dos páginas, (que ella misma pagó) y que aparecería en el área central de la influyente revista Art Forum. Totalmente desnuda, Benglis solo llevaba unos lentes de sol y un enorme dildo de plástico colocado entre las piernas. Quería demostrar lo irónico de la situación, si bien nadie se preocuparía por publicar su trabajo, si podía participar con una inserción pagada y ser vista por todos los lectores del país. 

No podía faltar aportación de Italia a este conteo de diosas. Gina Pane fue mucho más radical al dedicar su trabajo al dolor infringido en la mujer exponiendo su cuerpo a pruebas por demás dolorosas. Sus acciones están llenas de un alto contenido agresivo y simbólico. Para ella, y así lo expresa en sus diferentes trabajos, el cuerpo es fundamento de la regeneración y la fecundidad. Por otro lado, también es vehículo de dominación sexual, ella misma lo dice “(…) la herida es la memoria del cuerpo; memoriza la fragilidad, el dolor, es decir, su existencia real. Es una defensa en contra del objeto y de las prótesis mentales”. La parte más conocida de Pane tiene que ver con los fluidos del cuerpo femenino, considerados como elementos sucios que se asocian muchas veces con la muerte, pero que también fueron utilizados por las culturas primitivas como símbolo de iniciación y sacrifico.


Para terminar de documentar el poder de las mujeres artistas va un colectivo —sí, mujeres unidas— que a través de sus acciones ganó uno de los sitios más respetados en la historia del arte del siglo XX. Surgió en 1985 y se hizo llamar Guerrilla girls, su primera manifestación fue en contra de uno de los templos del arte contemporáneo —así, diosas atentando contra templos—, el icónico Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA). Colocaron carteles de protesta delante de las entradas del museo pretendían mostrar la injusticia e inequidad a las que eran expuestas las artistas. 

Su trayectoria dentro del activismo se enfoca en concientizar la poca participación que tienen las mujeres en le mundo del arte a lo largo de la historia. Una de sus características es que sus miembros siempre llevan una máscara de gorila, minifalda y ligueros. Con un humor descarado presentan a través de panfletos, documentales y diversos registros su idea de “femenino” en contra  del cliché “feminista” (igualdad de oportunidades, el fin de la discriminación por género, acceso igualitario a la educación, los derechos reproductivos y derechos humanos para las mujeres).


Llenas de sentido del humor, activistas de corazón, guerreras delante de la sociedad masculina y siempre buscadoras de un espacio propio, las artistas han tomado la delantera en la exploración y apertura del arte. Auténticas diosas del mundo contemporáneo

¡Un brindis por ellas y… abajo Donald Trump!




 
 
 


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