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GABINETE | EL FIN DE LA FOTOGRAFÍA


Aquí y ahora

El arte va mucho más allá de likes y corazones en Instagram. La fotografía, que hoy se encuentra en su mayor apogeo sufre al mismo tiempo su crisis más fuerte. En Gabinete, Susan Crowley se adentra en el mundo de Tacita Dean (obra que puedes ver en el Tamayo), quien dentro de su amplia gama ha utilizado el filme y la foto como medios para expresar su arte.


En opinión de Pedro Meyer (España, 1935) y Sebastião Salgado (Minas Gerais 1944), dos de los artistas más legendarios debido a su cautivador, conmovedor y profundamente reflexivo legado al mundo de la fotografía, ésta, irremediablemente, está llegando a su fin. Alarmante condena en una época en la que todos, quiero decir todos, tenemos la certeza de ser el gran fotógrafo que el mundo esperaba. 

No puede faltar uno solo a la cita con la imaginocracia: viejos, jóvenes, niños; sin discriminación de raza, credo o clase social. Todos creemos haber llegado a la tan esperada igualdad gracias a esa pequeña herramienta llamada celular que hoy vive una relación simbiótica con esa tan útil aplicación llamada Instagram. 

Entonces, ¿cómo se atreven estos dos artífices del arte a declarar tan devastadores presagios?, ¿acaso pretenden que el mundo captado por las cámaras se conserve para siempre monopolizado por los artistas?

Desde luego vale la pena analizar un poco más el punto. Por esta razón nos atrevemos a contar una breve, brevísima, historia de la fotografía y cómo pasó de a ser una herramienta que cambió la visión del mundo, a una de las bellas artes y después a la casi orgía de imágenes que pululan por el mundo en absoluto descontrol.

No se sabe con certeza pero quizá uno de sus inventores fue Aristóteles, quien se fascinó con la idea de que en una habitación oscura podía ser captada una imagen del mundo, pero después de varios fracasos dejó dicha premisa en el olvido. Muchos momentos pasaron en la historia, uno de ellos ilustra como Fata Morgana, hechicera de la corte del rey Arturo, conocía una caja mágica que podía fabricarse con el cuerno de un unicornio y robar imágenes nunca antes vistas. Más adelante, este peculiar modo de atrapar al mundo pasó por la cultura árabe y por la china, en ambos lugares se encuentran vestigios de su uso. 

Otro dato curioso es la polémica historia de Miguel Ángel Merisi —que todos conocemos como el gran pintor barroco Caravaggio: cuando murió, se encontró entre la ropa que llevaba puesta un pequeño aparato que consistía en unas lupas que captaban la imagen en una proporción casi real, mismas que serían pintadas después por el artista. Este descubrimiento ha contribuido a querer demeritar su fuerza como artista.

Los inicios reales de la cámara tiene que ver con experimentación de la luz en daguerrotipos en los que se lograba imprimir una imagen tomada del mundo real, se usaba mucho para retratar a la “gente bien” de la época, ya que se trataba de una práctica costosa. Ya estamos en los finales del siglo XIX .

Con la tecnología, la cámara pasó de ser ese gran aparato que requería de un trípode para poder sostenerla, a una pequeña caja que se llevaba pegada al cuerpo y colgaba del cuello. Esta evolución permitió que se volviera testigo fiel de acontecimientos tremendos como el retrato puntual de los muertos por las mafias americanas o los desastres de las guerras mundiales. 

Fue más adelante que la cámara se volvió un medio en manos de verdaderos artistas que plasmaban realidades nunca antes vistas y que dejaron el pincel para entregarse por completo a este nuevo lenguaje. Así se le reconoció, finalmente, como un arte. 

Pasó el tiempo y entró la era digital, sustituyendo por completo los complejos y caros sistemas de impresión análogos. Y así, hace apenas unos años —increíble pensarlo—,una lente de minúsculas proporciones entré en los aparatos celulares y entonces sí, el mundo de las imágenes captadas e impresas por grandes nombres como Anselm Adams, Walker Evans, Edward Steichen. Y después los miembros de la escuela de Dusseldorf, Helmut Newton y Mapplethorpe, quienes lograron capturar momentos únicos, se fue ampliando hasta rebasar lo nunca antes imaginado: de ser un arte que tiene la capacidad de transformar la realidad a través de una mirada, la fotografía se volvió una vorágine de imágenes que nunca serán impresas. Iconografías que poco tienen de narración y de transfiguración del mundo, pero mucho de pérdida y abuso, incluso hoy, los lugares del mundo se han vuelto simples escenarios para que cualquier imagen sea captada. 

Pero la fotografía es otra cosa. Requiere ser uno sólo entre tantos clicks. Ser el instante elegido de muchas posibilidades, luego imprimirse para quedar como un archivo de la memoria del artista y del mundo, para así no condenarse, como está ocurriendo ahora mismo, a ser una más de tantas imágenes en Instagram que no pasarán a la historia y quedarán como mudos testimonios del consumismo y la masificación del mundo. 

Hoy, el mundo es un espectáculo vertiginoso y desechable. La enorme cantidad de imágenes sin trascendencia lo demuestran. Por supuesto Pedro Meyer y Sebastião Salgado tienen razón, todos pueden tener un celular, todos pueden capturar imágenes, pero pocos, muy pocos, son verdaderos artistas.

 
 
 


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