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REFRACCIÓN | EVOLUCIÓN MODIFICADA


Aquí y ahora

En pleno Siglo XXI nadie se sorprende de que una persona celebre sus 80 años de vida en perfecto estado de salud. Ni siquiera con salud deteriorada, como con diabetes, cardiopatías, cáncer o demencia senil. Es rutinario navegar la tercera edad con anteojos, aparatos para la sordera o rodillas artificiales. 


La evolución no tiene propósito. Es necesario repetirlo, machacarlo, reiterarlo. La-evolución-no-tiene-propósito. Quenoquenoqueno. 

Semejante despropósito parece difícil de asumir, tal vez porque implica consecuencias medio lapidarias. Una, por ejemplo, es que las especies están totalmente indefensas ante el caos de los cambios ambientales, la ley de la selva o el azar de las mutaciones. Otra, que las especies actuales no son necesariamente “mejores” que cualquiera de sus antecesores en la enredadera caprichosa de la selección natural. O la más atragantante: no existe un diseño o plan alguno.

Lo que sí hay, en cambio, es la sorpresa cósmica de que en este planeta —único con evidencia de vida— apareció una especie sin depredadores que la amenacen seriamente, incluso después de siglos de experimentar (¿sufrir?) una explosión poblacional sin precedentes y décadas de consumir recursos y generar desperdicios muy por encima de los límites naturales de reposición y absorción de su único ecosistema posible. En el camino, los individuos de esta especie vieron duplicarse su tiempo pronosticado de vida, aumentar notablemente su talla promedio, disminuir la amenaza mortal de enfermedades antaño inapelables y —según indica abundante evidencia— hacer estallar una extinción masiva de otras especies como el precio de haber puesto en marcha el Holoceno, su propia era geológica.

¿Cómo hizo el Homo sapiens para meterle mano a su propia evolución? ¿Con qué consecuencias?


Música evolucionada

“La conquista de la posizzione eretta”, del grupo italiano de rock progresivo Banco del Mutuo Soccorso.


“Déjala” del grupo de cumbietón La Evolución.


“El Cromosoma”, del inmenso Javier Krahe, cantado por el mítico grupo español La Mandrágora.



 
 
 


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