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ESPACIOS | TLATELOLCO, DESDE LA TORRE


Aquí y ahora

En 1966 se inauguró en Tlatelolco la torre de la Secretaría de Relaciones Exteriores, diseño del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez. En ese momento proyectó la imagen de un México moderno en diálogo con la comunidad internacional desde un lugar que de por sí es paradigmático de la historia de México.


1968 es un oscuro bache en la historia, pero hay mucho más de Tlatelolco que contar. Desde su fundación en 1338 por desertores del gobierno de Tenochtitlán, hasta su resurgimiento hoy con la instalación de Thomas Glassford, esta zona es —y será— uno de los pilares base de la Ciudad de México. Te dejamos un recorrido por la evolución de la zona y sus espacios cercanos.



La piel que alumbra


Por Paulina Gómez 


Apenas se mete el sol, una luz resplandece en Tlatelolco. Hace seis años el artista estadounidense Thomas Glassford, en conmemoración del centenario de la UNAM, realizó una de sus obras más ambiciosas. Se trata de una instalación lumínica que renovó la piel del edificio que alguna vez albergó a la Secretaría de Relaciones Exteriores y hoy es el Centro Cultural Universitario Tlatelolco. 

El escultor texano concibió este gran faro como un símbolo de renacimiento; se inspiró en el cuerpo humano para reflejar la vitalidad con extensos vasos sanguíneos entrelazados, una red que envuelve al edificio de colores rojo y azul. Luminarias imponentes que llaman la atención desde distintos puntos del Valle de México. Para denominar a su obra, Glassford tomó prestado el nombre azteca de Xipe Tótec o “Nuestro señor el Desollado”, quien se escorió la piel para alimentar a otros seres humanos.

Son pocos quienes han adjudicado un significado a esas luces que se ven por la noche. “Es una obra extraordinaria, independientemente de que la mayoría de la gente no encuentre significado alguno y solo digan que está bonito por la iluminación, es algo mucho más profundo, es un llamado a la naturaleza para realizar cambios, en esta ocasión con los tlatelolcas”, explica José González, un joven estudiante de la UNAM de 23 años, para quien este cambio ha sido un símbolo de orgullo como universitario.

“Es la zona donde día a día camino; trabajo muy cerca de aquí, en la calle de Valerio Trujano. Como vecino y estudiante, para mí Tlatelolco es un referente histórico, cultural y social. Esta intervención me parece excelente y no estaría mal que otros edificios representativos de nuestra ciudad recibieran algún cambio parecido a este”, afirma. 

Pero el Xipe Tótec no sólo influye en los jóvenes. Los adultos mayores también piensan que la obra da brillo —no necesariamente luminoso— a su comunidad, a pesar de un oscuro pasado que aún no ha sido superado y que se percibe en el ambiente. Vicente Vargas es presidente de la Asociación de Jubilados y Pensionados Tlatelolco, a sus 77 años piensa que este lugar ya no es como antes, su esencia se perdió desde aquél 2 de octubre y el Xipe Tótec es sólo una instalación que alumbra a los habitantes. 

“Yo vivo aquí desde que se fundó la comunidad hace más de 40 años; la iluminación se ve muy bonita, alegra el paisaje. Pero desgraciadamente nosotros lo que necesitamos son otros servicios. Se han olvidado de nuestra comunidad y de este oscuro lugar que es Tlatelolco”, expresa con melancolía Don Vicente.

El Xipe Tótec es un gigante que da color al silencio y la vida nocturna de una Unidad habitacional que resguarda las historias de vida de varias décadas.



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