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CITY FOLK | DUBLÍN


Martes 14 de febrero, 20:30 horas

El éxito mundial de Riverdance, la agrupación que le ha dado la vuelta al mundo, ha puesto los reflectores internacionales en la danza irlandesa. Con ello no solamente ha puesto en el mapa el baile tradicional del país europeo, también ha popularizado la música que la acompaña y que marca el ritmo de cada paso.


La historia del inconfundible baile tradicional irlandés y de su música es una de sincretismos que fueron derivando en lo que hoy conocemos de manera global gracias a Riverdance. La música tradicional irlandesa fue en gran parte creada (según lo que se conoce en la actualidad) para celebraciones como bodas, días de santos y otros ritos tradicionales. De la misma manera en la que al bailar en pareja existe uno que guía y otro que es guiado, en el binomio de la música y el baile irlandés, siempre fue el baile quien guiaba el devenir mientras la primera se acoplaba a sus movimientos. 

El baile irlandés es resultado de la mezcla de decenas de culturas. Esto se debe a que hubo cambios constantes de la población a través de la migración y las invasiones, y cada uno de estos pueblos trajo sus tipos preferidos de danza y música. Aunque existen tan solo vagas referencias a la historia temprana del baile irlandés, hay evidencia de que entre sus primeros practicantes estaban los druidas, que bailaban en rituales religiosos honrando el roble y el sol. Entre las huellas que se mantienen en la danza irlandesa actual, es el uso de sus danzas circulares. Posteriormente los celtas llegaron a Irlanda desde Europa central y trajeron consigo sus propias danzas folclóricas.

En el siglo XII se dio la conquista anglo-normanda, que trajo las costumbres y la cultura normandas a Irlanda. Entre sus particularidades se encontraba El Carol, una danza normanda popular en la que el líder cantaba y era rodeado por un círculo de bailarines que respondían cantando la misma canción. A partir del siglo XVI tres danzas son particularmente mencionados en diversos documentos: el Hey Irlandés, el Rinnce Fada (baile largo) y el Trenchmore. A los conquistadores británicos les llamaba mucho la atención estas expresiones artísticas, de hecho, en una carta para la Reina Isabel I, Sir Henry Sydney los describe como “muy hermosos, magníficamente vestidos y bailarines de primera clase.” La admiración de los emisarios británicos hacia estas danzas finalmente hicieron que la Reina y la nobleza se interesara por los mismos.