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CÁTEDRA BERGMAN | BARRY GIFFORD


Aquí y ahora

Uno de los autores contemporáneos más prolíficos que tiene Estados Unidos, la carrera de este escritor ha caminado de la mano del cine gracias a su estilo particular de escritura puede compararse con el de la generación beat. Ha trabajado con directores como David Lynch y Álex de la Iglesia.


Pero el excentricismo de Gifford no apareció espontáneamente, su pasado justifica en gran medida su historia. Nacido en un pequeño hotel de Chicago, su padre fue un hombre cuyo trabajo en una licorería le permitía hacer más dinero al negociar con la mafia de la ciudad, mientras que su madre era una modelo católica irlandesa. Los Gifford vivieron una vida agitada entre hoteles y mudanzas (Chicago, Nuevo Orleans y La Habana, por mencionar algunos destinos) que parece el campo de cultivo idóneo para cualquier creativo. En El padre fantasma, Gifford narra su vida como hijo de un mafioso de poca monta, pero lo que le ha valido la fama no es su capacidad como autobiógrafo, sino su destreza en la creación de imaginarios oscuros en sus novelas negras.

Incluso antes de saltar a la fama gracias a la adaptación que David Lynch hizo de su novela, Wild at Heart —cinta que ganó la Palme d’Or en Cannes 1990—, Gifford tuvo uno vasta y reconocida carrera como poeta. Después  de su debut en el cine, el autor volvió a hacer mancuerna con Lynch cuando escribió el guion de Lost Highway


Otros emblemáticos personaje de Gifford que encontraron presencia en el cine son Perdita Durango y Romeo Dolorosa, cuya primera aparición en el universo de Gifford fue en 59° and Raining: The Story of Perdita Durango y que después se convirtieran en una novela gráfica, para finalmente demostrar todo su sadismo encarnados por Javier Bardem y Rosie Perez en la película de terror de culto del español Alex de la Iglesia, Perdita Durango.

Cargado de humor negro y sadismo, Gifford es un autor que describe escenarios que podrían parecer triviales con un detalle tan apasionante que, más allá de merecer un vistazo en el cine, se le debe una lectura con calma de la mano de un whisky. 

 
 
 


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